Tres presupuestos encima de la mesa para la misma tienda. Uno es una cuota mensual pequeña. Otro es una cifra de cuatro dígitos. El tercero, de cinco. Y los tres dicen «tienda online».
La reacción normal es pensar que alguien está inflando el precio. A veces sí, pero casi siempre pasa otra cosa: cada uno está contando una historia distinta sobre quién hace el trabajo que no se ve.
No vas a encontrar aquí una cifra, porque cualquier número que te diga hoy estará mal dentro de un año y además depende de tu caso. Lo que sí puedes llevarte es el mapa de las partidas, para que sepas qué preguntar y puedas comparar peras con peras.
Las partidas que están siempre, aunque no las veas
Una tienda online no es una web con un botón de comprar. Son cinco trabajos distintos, y en un presupuesto barato normalmente no han desaparecido: se los ha quedado el cliente sin enterarse.
El catálogo. Es la partida grande y la que nadie mira. Cada producto necesita fotos decentes, un nombre, una descripción que sirva para decidir, un precio, un peso para el envío y su stock. Si vendes ochenta referencias, eso es ochenta veces ese trabajo.
El diseño y la tienda en sí. Lo que todo el mundo imagina cuando dice «tienda online»: el aspecto, el menú, la ficha de producto, el carrito, el paso de pago. Suele ser menos de la mitad del proyecto.
Cobrar y enviar. Conectar una pasarela de pago, decidir qué formas de envío ofreces, cuánto cuesta cada una y a partir de qué importe hay portes gratis. Parece un detalle y es media tarde de decisiones tuyas.
Lo legal. Condiciones de venta, política de devoluciones, privacidad y cookies. No es opcional en una tienda que cobra dinero, y hacerlo con cabeza cuesta un rato.
La puesta en marcha. Probar compras de verdad, comprobar que llegan los correos de confirmación, que el stock baja cuando debe y que la factura sale bien.
Las tres cosas que disparan el precio
Si dos presupuestos se llevan mucho, casi siempre está aquí la explicación.
1. Las variantes. Un jersey con cinco tallas y cuatro colores no es un producto: son veinte combinaciones, cada una con su stock y a veces con su foto. En moda y calzado esta es la partida que lo cambia todo, y es la que más se subestima al pedir precio.
2. Que hable con lo que ya tienes. Si la tienda tiene que enterarse de lo que vendes en el mostrador, o leer el stock de tu programa de almacén, eso es un trabajo aparte. Y es de los que más valen la pena, porque es lo que evita vender online algo que acabas de vender en tienda.
3. Lo que pasa después de la venta. Devoluciones, cambios de talla, avisos al cliente. Casi ningún presupuesto lo menciona y es donde se va el margen del primer año.
La tienda es lo barato. Lo caro es el catálogo, y casi siempre acaba haciéndolo el cliente sin haberlo presupuestado.
Lo que no te van a contar
Que el catálogo lo vas a acabar preparando tú. No tiene por qué ser malo, porque nadie conoce tus productos como tú. Pero si nadie lo dice en voz alta, te encuentras con la tienda montada y vacía, esperando a que alguien saque ochenta fotos. Conviene decidirlo antes y ponerle fecha, aunque no aparezca en la factura de nadie.
Que hay gastos que siguen corriendo. El alojamiento y el mantenimiento, la comisión de la pasarela por cada cobro, los envíos y las devoluciones. Ninguno sale en el presupuesto de la web y todos salen en tu cuenta corriente.
Que abrir la tienda no trae clientes. Trae la posibilidad de atenderlos. Quien te venda la tienda como un canal de ventas garantizado se está saltando la parte difícil, que es que alguien sepa que existes.
Preguntas que nos hacen
¿Por qué un presupuesto es el doble que otro?
Casi nunca por el diseño. Las diferencias grandes están en quién prepara el catálogo, si los productos tienen variantes de talla y color, y si la tienda tiene que hablar con algo que ya tienes. Dos presupuestos solo son comparables si dicen quién hace esas tres cosas.
¿Qué es lo que más encarece una tienda de ropa?
Las variantes. Cinco tallas y cuatro colores son veinte combinaciones, cada una con su stock. Multiplica el trabajo del catálogo y complica las existencias, que es donde luego vienen los disgustos si se vende algo que no había.
¿Hay costes que sigan corriendo después de abrir?
Sí: alojamiento y mantenimiento, la comisión de la pasarela por cada cobro, los envíos y sobre todo las devoluciones. En algunos sectores la devolución es el gasto que más sorprende el primer año.
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